¿Qué se siente ser el del “bicho raro”?: Crónica de un hombre con un recién nacido en un baño público de hombres

Nunca pensé que pasaría por algo así, de verdad nunca lo pensé. Se trató de un sábado cualquiera, un día soleado, hermoso y yo con muchas ganas de hacer algo distinto. Lo único que esta vez existía una variable relativamente, nueva en la ecuación de mi bello sábado. Una “variable” con 2 meses y medio de existencia, que respira, come (y caga), juega, sonríe, duerme muy poco, llora y hace todo tipo de muecas. Esta “variable” se llama Dikarlo, el que me hizo papá.
Mamá estaba trabajando ese día y me tocaba cuidarlo. Antes de ir corriendo para casa de mi mamá (su abuela) para “support emocional” (que es lo que normalmente hago cuando estoy solo con él), decidí que podía darme la oportunidad y arriesgarme a hacer varias diligencias con el bebe. Fui a la cooperativa, fui a desayunar y al parecer todo iba muy bien. La gente me miraba, yo muy orgulloso caminando con mi bebe, con mis gafas y mamá no estaba por todo aquello. Me sentía el centro atención (aunque realmente el que me da “pauta” es Dikarlo jejeje).
Recordé esa mañana que tenía pendiente la compra de uno regalos familiares, por lo cual elegí ir para un mall para completar la tarea pendiente. Esa decisión cambió mi vida para siempre. Mi día de rockstar padre e hijo estaba apunto de tener un virazón.
Con el pasó de la mañana haciendo las primeras diligencias, dónde todo iba bien había pasado desapercibido que al bebe había que verificarlo para saber si había que cambiarle su pañal. Cómo todo iba tan bien y el no se había quejao’, pensé que tal vez el asunto se había resuelto por arte de magia, por la divina providencia o algo así. Pero no, el muchachito espero que yo agarrara confianza y me tirara pal mall para hacerme la perreta allá, cosa de que fuera bien pública. Manejando la perreta recordé la falta grave de no haberle cambiado el pañal y me dije: “No se lo voy a cambiar en una mesa de comida o en el piso tiene que haber un “área” para que uno pueda cambiar un pañal “dignamente”. Decidí ir al baño de hombres para ver si había una estación para cambiar los pañales del bebe. Para mi sorpresa, efectivamente, había una… ¡les cuento!
Fue mi primera vez en un baño de hombres con un bebe y además con un coche de bebe, bulto y toda la parafernalia infantil. Es una experiencia bien extraña. Y la verdad es que haciendo el mejor esfuerzo con mi memoria no logro recordar una sola vez dónde haya visto un papá cambiando pañales en un cambiador dentro de un baño público masculino. No recuerdo, ni uno… ¡Que loquera! Por mucho tiempo los cambiadores solo estaban en los baños de las mujeres, ahora por el asunto de la igualdad de los género (me imagino), los están instalando en el espacio sanitario masculino. El cambiador estaba nuevo, nuevo, nuevo, parecería como si lo estuviera estrenando, la verdad es que me salvó la vida.
Algo así era la estación para cambio de pañales de bebe.

Estando allí y con Dikarlo esgalillao’ me miraban todos los hombres que entraban como si fuera de otro planeta. Eran miradas como de un “bicho raro”… jejeje. Su lenguaje corporal me dejaba saber, que algunos te veían como un valiente y para otros como un entrometido. Entrometido en un espacio lleno de testosterona dentro un baño público masculino. Ese es su espacio para agarrarse la pelotas, mirárselo (para ver si sigue allí), acomodárselo (exageradamente) y vaciar el tanque. Y de momento yo estaba allí como un intruso haciendo tareas “extrañas” en su espacio. Yo limpiando y cambiando a mi bebe y ellos mirando con orgullo (para algunos) su canario mientras miraban por encima de su urinal lo que pasaba conmigo y Dikarlo. Nadie dijo una sola palabra, con el bebe descontrolao’ (creo que pa’ colmo le dio frio el plástico de la estación de cambio), entraron y salieron de 8-10 hombres y nada de nada. Solo miradas. Miradas, algunos gestos de apoyo, otros de compasión, sobre todo de sorpresa.

¡Que misión!
Al final le di un beso en la frente a mi muchacho y le dije, “¡Misión cumplida!” Al parecer había dado en el clavo, ya no lloro más. Salí orgulloso de allí y creo que en tantas miradas todos (ellos, Dikarlo y yo) aprendimos algo ese día. Seguimos caminado. #TeamDikarlo
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