Al preescolar sin drama: 3 cosas que deberías hacer para ahorrarte las lagrimas como papá

“Después de una mañana sobria, yo descontrolado en llanto, en un banquito en medio de un pasillo de un centro de niños preescolares. Yo con ropa de hacer ejercicios, sin afeitar, desorientado, llorando sin tregua porque mi hijo, mi pequeño bebé, iba a quedarse en un cuido a sus 15 meses de edad.”

Puedo seguir el drama si quieren… Por si acaso esa es mi historia. Ese era yo, el primer día del cuido. Esa fue mi gran tragedia, mi gran tragicomedia para ser más específico.

Me sentía acorralado. Aunque si lo pienso bien no tuve realmente que hacerlo, lo elegí. Bueno, la verdad es que eso tampoco es cierto, porque más que yo elegirlo, lo elegimos (mamá y yo). Por múltiples razones desde la conveniencia de la ubicación y calidad del servicio hasta la oportunidad de darle descanso a sus abuelas. Por alguna razón, este asunto del cuido preescolar ha sido una de las decisiones que más he querido postergar en mi vida.

Yo sé que es “normal”, que “debe ocurrir” y que “todo iba a estar bien”. Ese no era el problema.  No se trataba de que mi hijo estuviera preparado o no, el problema era yo.

Esos primeros días lloré, no fue a propósito, no quería hacerlo inclusive pensaba que no me pasaría a mí. Me calmaba y volvía a llorar. No lo podía controlar, se me salían las lagrimas una tras otra. Aunque sabía que ibas a estar bien, que estabas en “buenas manos”, simplemente, el sentimiento era más poderoso que yo.

Usualmente, no opero así. De ordinario, soy muy comedido y “controlado” con la expresión de mis sentimientos, pero esta vez no lo logré. Fui y soy, hasta ahora, totalmente vulnerable a las emociones cuando algo tiene que ver con mi niño. Es como si me tocarán una fibra interna la cual no puedo intervenir, que está expuesta a sentir de manera profunda cualquier cosa relacionada al niño.

Creo que ya sé, lo que otros padres me hablaban cuando decían que “harían cualquier cosa por sus hijos”.  Yo lo veía como algo hipotético y lejano ahora lo veo como algo bien real y concreto. Creo que pudiera hacer casi cualquier cosa por mi hijo… Al principio sabía lo que es ser papá, ahora siento lo que es ser papá. Saber y sentir son dos experiencias diferentes. El saber se queda en la mente, en lo intelectual. Sentir es conectar con una emoción descontrolada desde lo más profundo de ti.

Sin embargo, increíblemente, superé el drama de llevar a mi niño a un cuido.

El drama no te ayudará a hacer esos pasos necesarios para que el niño se quede, en un estado razonable de bienestar en este nuevo espacio. Será bueno para él y para todos. Con estos 3 pasos supera el drama y aprende cómo dejar a tus niños en un cuido y sentirte bien mientras lo haces:

  • Comparte tu experiencia con otros papás (y mamás) – Para mi fue bien valioso compartirlo en un grupo de apoyo (mi clase de yoga, con la maestra Shanti Ragyi en la Escuela de Artes Místicas). Una vez traje el tema, tuve una “iluminación” inmediata de la experiencia de todo el grupo que con amor me apoyaron (y con algo de sentido de humor). Estoy seguro que si conectas con la gente correcta y comparten su experiencia desde el amor te darás cuenta que el mundo afuera no debemos temerle y que nuestros niños/as tarde o temprano tendrán que aprender a lidiar con él. Mejor temprano que tarde es mi apuesta.
  • Es un proceso, dale tiempo Nos tomó dos semanas con el niño llorando cada vez que nos íbamos, dos lentas semanas. Sin embargo, una vez que nos percatamos que era solo el apego del niño, el sentirse que ya no era el centro de atención y a veces un poco de “manipulación”, decidimos ser sensible con su proceso. Lo ayudamos llevándole juguetes, peluches que él conocía, buscándolo temprano y dándole toda nuestra atención una vez llegará a la casa.
  • Conecta con tu hijo/a sin la presencia física Sí, así como lo escuchas. Piensa en ellos, díselo: “Aunque no esté contigo, SIEMPRE voy a estar para ti”. Que no importa dónde estés siempre podrán contar contigo. Conecta con esa esencia de tus hijos/as y con la propia y te darás cuenta que hay muchas formas de acompañar a tu hijo/a durante el día y muchas formas de “estar” PRESENTE sin que sea exclusivamente a través de la presencia “física”.

Al final el dilema no tiene solución. Es una decisión bien individual de cada papá/mamá dejar o no dejar a un niño/a en un cuido o escuela. El sentimiento de fragilidad sigue ahí. Aunque, debo decir que estoy muy contento con todo lo que mi niño ha experimentado y aprendido en tan poco tiempo. Ya no lloro.  Inclusive me hace feliz saber todas sus nuevas aventuras cada día.

Aquí el Di “echándole” agua a las plantas.

Yo sigo disfrutando tanto verlo crecer… #PapáPresente

PD. Gracias por leerme. Te dejo saber que tenemos página en FB donde compartimos información chévere relacionada a asuntos de crianza y paternidad le puedes dar LIKE aquí>>

UnknownPapáPresente

¿Y a ti qué te funcionó con tus hijos?

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